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Mi lugar.

Hace frío pero te mantienes a salvo con los últimos rayos del sol que van cayendo a medida que pasan los minutos, con ellos te sientes abrigado hasta que culmina el atardecer. Se escuchan los bichos que fondean por allí, las sabes que se posan en los árboles, y sientes una comezón por los zancudos que de forma atrevida se posan en tus piernas. Mientras estás allí es sereno, tranquilo, y sin saber como un cosquilleo en tu mano te desconcentra, una pequeña hormiga que no sabes cómo pero se subió en ti. Es hermoso estar en este lugar, te hace pensar en lo que a diario hacemos, el dulce que comemos, el cigarro que fumamos les dan un toque especial a esa visita y luego respiras, y aunque es normal hacerlo hay un momento en que lo haces fuera del inconsciente, en ese momento sientes el aire que pasa y baja a tus pulmones, cierras los ojos y liberas ese pensamiento que divagaba por tu mente, ese problema o esa tormenta por la que atraviesa tu alma, eso fue lo que te trajo aquí, a dispersarte del mundo, y volar mentalmente por la cima de esos árboles que están en frente de ti.
Verde, amarillo, azul, si es que estás consciente, porque sino verás gris por la tristeza, o tal vez ni sepas que es el color.

Ya no hay luz que ayude a la paz, te vas a casa con un peso menos, pues allá, la naturaleza absorbió esa negatividad, y se desprendió de ti, amarrándola y sin más, dejándote ir con lo que debería quedar dentro de ti.

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Álbum familiar

De todas estas fotos, contare la historia de la primera, en ella está mi tío Jhonatan, el hermano menor de mi papá. Era mi cumpleaños número dos, y la temática era Barney, me gustaba mucho ese programa de pequeña, recuerdo que me levantaba muy temprano para no perderme los capítulos. Bueno, sigo con la historia, no recuerdo muchos detalles pero sé que me taparon los ojos y cuando los abrí mi tío me había traído ese peluche que llevo en las manos, y en todas las fotos de ese día salgo con él, porque era como lo que más quería en ese instante. Me cuenta mi tío que cuando abrí los ojos le pregunté que si era para mi, y me puse a llorar de la felicidad; también me dice que no se lo prestaba a nadie, y que jugué mucho con él. 

Miradas

Si claro tenemos que los ojos son las ventanas del alma, el ejercicio que practicamos al mirarnos fijamente a pocos centímetros nos permitió reconocer al otro en su máxima expresión, nos dio a osadía de sostener la mirada con la del compañero, a pesar de que al principio nos daba risa, nervios, desespero, siento que al final entendimos la realidad del ejercicio y finalizando cumplimos con el objetivo del mismo, así mismo, entrar en un campo de confianza, de aceptación, de invitación, y sobre todo de bienvenida. El establecer esa conexión, dio lugar a ver más allá de un rostro, una mirada en calma es un ser en calma, y era una manera de interactuar con el otro de una manera ajena a la verbal. Opino que esta experiencia hizo que reconociéramos al otro, a las nuevas personas que estarán inmersas en nuestra vida por un largo tiempo y poder contar con los demás. 

Almohada

Almohada Cómoda, hermosa y suave, formada por una perfecta espuma que relaja al tocarla, das placer a mis siestas, le das calma a mis horas de dormir. Gracias por escucharme en las noches, y ser mi soporte al dormir, por ver mis sueños locos, y por estar ahí para mi. Tú qué tienes el don de apaciguarme cuando estoy en una tormenta, a ti que al llorar quedas empapada de mis lágrimas, como fiel doliente a mi dolor. Tú qué estás presente en el día, en la tarde y noche, tú que te moldeas a mi comodidad, que estás para mi, que con tus pliegues y formas haces que anhele el posarme en ti.